Lo que GLEE ha significado en mi vida

Hace algunos días me decidí a ver, por fin, los últimos 2 capítulos de la serie. Tengo que admitir, que al contrario de lo que pensaba que iba a ocurrir, no lloré tanto. Lloré y sufrí mucho más en el capítulo que dedicaron a Cory Monteith y a los capítulos que hicieron para conmemorar los 100 capítulos de la serie. 

Glee ha supuesto mucho para mí. A pesar de que supongo que todo el mundo creerá que estoy entrando en tópicos, Glee me enseñó, y cada día me lo recuerda, que no hay que ser como todo el mundo es. Hay que ser como cada cuál es. Intento seguir esta enseñanza, aunque no es fácil viviendo en un pueblo de 1500 habitantes donde salirse del cauce está criticado. Hasta hace no mucho tiempo, me daba reparo mostrarme tal cual soy, con todas mis frikadas y mis cosas, por miedo a lo que le dijeran a la gente que quiero y que me quiere sobre mí. Que me lo digan a mi me da igual, yo sé como soy y a estas alturas de mi vida ya no me van a hacer daño con sus comentarios. Pero la serie me ha ayudado a recapacitar sobre la idea de que al igual que yo sé como soy, mi familia también me conoce, y me quieren por cómo soy, no por lo que la gente comente de mí.

Glee comenzó para mí como una serie de música, pero pronto se convirtió en algo mucho más grande. En algo que despertaba en mí, muchos sentimientos. La primera temporada sentía lástima por Rachel, odiaba a Santana, flipaba con la voz de Mercedes, adoraba a Kurt, me encantaba Puck aunque fuese un desastre, etc.

Me encanta la idea de que la gente “guay” del instituto se fijase en los “losers”, e incluso que consiguiesen hacerse amigos. Es el poder de tener algo en común, en su caso fue la música. Y tenía que ser la música, porque tanto el guay como el perdedor escuchan música. El guay no es criticado por ello, y el propio del perdedor estar abstraído del mundo con su música. Son una familia, y eso me encanta. Pero no solo se hacen bien entre ellos, porque a Mr. Shue le saca de ese bucle de miseria en el que se ha metido por la asquerosa de su mujer.

Poco a poco los personajes pasaron de ser menos actores que representaban “losers” de instituto, y empezaron a parecerme algo más que eso. Caracteres que se parecían tanto a lo que yo quería de mí, que veía un poco de mí misma en ellos. Empezaba a ser personal, alejado ya de una mera afición.

Y entonces llegó el subidón. Por fin ganaron los nacionales, con un numerazo, todo tento que decirlo, y en el instituto se les empezó a aceptar, aunque era algo pasajero y desde luego nada verdadero. Me alegré como si fuera uno de ellos. La cuarta temporada pasó para mí sin pena ni gloria… Algún capítulo bueno (como la boda de Mr. Shue) y poco más. Alguna actuación chula cuando participó Adam Lambert y Demi Lobato… pero poco más. Y así pasamos a la quinta temporada. Sinceramente creía que esa iba a ser la temporada en la que todo empezaría a tener otra vez sentido, que la cuarta había sido algo de transición, pero entonces ocurrió lo de Cory. Cuando amanecí aquella mañana y vi en mi twitter que habían encontrado a Cory Monteith muerto, casi se me cae el alma a los pies. Inmediatamente pensé en Lea Michele, porque sabía que tenían una relación de pareja (tanto fuera como dentro de la serie), y de verdad sentí como si hubiese muerto alguien a quien conocía. Tuve serias dudas de seguir viendo la serie… para mí no tenía sentido si Finn y Rachel no terminaban juntos después de que Rachel ganara un Tony y Finn ocupase el lugar de Mr. Shue. Finn hubiese sido un fantástico profesor. Pero todo se torció.

Después de esto mis ganas de que llegase el día de emisión del capítulo decrecían considerablemente. Incluso pasaba semanas sin verlo, para luego ver dos o tres seguidos. Pero me resultaban aburridos. Ni las actuaciones musicales eran lo mismo. Les faltaban gracia, chispa… les faltaba Glee. No lo estoy criticando, entiendo lo difícil que tiene que ser retomar una serie en la que el protagonista principal ha muerto incomprensiblemente. Tiene que ser muy difícil superar la falta, tanto personalmente como profesionalmente. Comprendo que la quinta temporada quedaba casi anulada, con capítulos de relleno, sin importancia, excepto los espléndidos capítulos del homenaje y de “los 100”.

Y así, llegamos a la 6ta y última temporada. Me rondaban dudas: ¿Con quién terminará Rachel? ¿Qué será de Kurt y Blame? ¿Logrará Rachel encontrar su camino? ¿Y los demás? Estaba feliz por Quinn y Puck, que después de haber superado tantas cosas por fin estaban juntos; me alegraba por Mercedes, que iba a conseguir ser una fantástica cantante, y muy famosa; me alegraba por Will y Emma, que estaban juntos y tenían un bebé; sabía que Kurt y Blame acabarían juntos, pero sabía que algo pasaría entre tanto, no podía se tan fácil, nada en Glee lo es; pero me preocupaba Rachel. Había conseguido su papel en Funny Girl pero lo había echado todo a la basura y se había metido en un rodaje de una serie. Pensé “Rachel, te tenías que haber quedado en Brodway, Hollywood no es tu lugar”, pero le faltaba algo en su vida, y no sabía que hacer con ella.

Todos, o casi todos, volvieron a casa, volvieron a Lima. Y creo que es la mejor decisión que pudieron tomar. Creo que todo se ve con más perspectiva si vuelves al lugar donde todo empezó, y quieres hacer algo bueno allí. Rachel empieza a encontrar su camino, primero empeñada en volver a instaurar el Glee Club y luego haciéndose cargo de él. Me parece que eso la hace ver que ella pertenece a aquel lugar, sentimiento que nunca había tenido, pues ella desde el principio piensa que ella pertenece a Brodway. No, Rachel, estás equivocada; ese es tu hogar, y allí está tu familia.

El final. Creo que no defrauda a nadie pero defrauda a todos. Todos sabíamos como debía terminar. Rachel nos lo dice en el “Quaterback”, pero eso no puede ocurrir. Cuando empieza a tontear con Sam, sabía en mi fuero interno que aquello no podía funcionar, aunque me pareciera que hacían una buena pareja. Sam se parecía demasiado a Finn y Rachel necesitaba otra cosa. Aunque tengo que admitir que cuando apareció Jessie, casi muero del susto. Pero al final quedé conforme. Me pareció bien…

Nunca tendré palabras para describir y agradecer lo que Glee me ha dado. Me ha acompañado durante parte de mi camino desde la adolescencia a la madurez, y me ha ayudado muchísimo a ser la persona que soy hoy en día. Por eso solo puedo decir GRACIAS, Ryan Murph, MUCHÍSIMAS GRACIAS por crear Glee.

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